lunes, 13 de octubre de 2008

CUANDO VUELVE LA CRISIS

Hay una voz dentro de mí que me recuerda día tras día que no soy la que fui. Esa voz se llama dolor.
Ya no camino erguida por la vida, mis pasos se tuercen y me hacen envejecer de golpe. Cada noche es un sufrimiento más, un trámite que cumplir en busca de un nuevo día que traiga la luz.
No hay pastilla ni tratamiento que aminore la aflicción del cuerpo ni la angustia del alma, verte arrastrando una sensación que te impide hacer lo más rutinario sin que el nervio haga acto de presencia.
He comprendido, mañana tras mañana, que mi pequeña me hace levantarme a la vida. Así como un día yo la ayudé a venir al mundo, ella me echa una mano y su voz mitiga la garra que recorre mi pierna cada día. Ella es el motor que arranca mis amaneceres. Estoy segura de que sin ella me dejaría llevar, sin ningún tipo de esfuerzo, a la depresión más feroz, a la tristeza más tremenda.
Cada tarea se multiplica por diez, el simple hecho de hacer una cama me cuesta horrores. Tender la ropa, tarea que, para mí era hasta liberadora, se convierte en un suplicio.
Alguna vez he visualizado, en el devenir de mis noches y en el profundo convencimiento de que así lo aliviaría, como el dolor, lejos de entrar en mí, va saliendo de mi pierna como en llamaradas. Cada pulsación, cada calambre, cada contracción la imagino como una oleada que escapa de mi cuerpo y se pierde en el vacío. Entonces pido que por favor nadie coja ese dolor errante, que nadie merece sentirlo.
Creo que, aunque suene incoherente, nunca en la vida he llegado a ser tan feliz como ahora.
Todos los momentos adquieren un sentido desconocido, hasta lo que antes más me molestaba, llega a mi mente con aire de chiste, cada palabra que a otros desquicia, a mí me hace desear alguna vez "sólo" tener esa "preocupación".
Cualquier gesto de mi hija, su sonrisa, un día de paseo con ella, una palabra nueva, cobran una dimensión fabulosa. Cuando camino llevando su carrito, me gusta parar y darle un beso, mirar cómo va, cómo mira el mundo, cómo descubre las cosas. Es totalmente maravilloso.
La he apuntado a la guardería y, aunque sé que para ella sería bueno, en mi interior y egoístamente pienso que me gustaría pasar el mayor tiempo posible con ella, ya que sé que, si me operan, seguro que no vamos a poder estar juntas porque voy a tener que estar recuperándome.
Hace tiempo hice una comparativa de pros y contras de la operación y, he de decir la verdad, ganaban los contras, pero creo que no voy a tener otro remedio. Todo sea por no volver a la crisis.

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