Fue en un momento. Alguien había activado el cronómetro y mi cuenta atrás había concluido.
Mis manos, que tanto habían facilitado el quehacer diario, se tornaron en inertes extremidades.
Mi mente, en otros tiempos lúcida y cuasi brillante, enojada con el rápido paso del tiempo, se abandonó a lo inevitable.
Torpes mis engranajes, no supieron sobreponerse al derrame de emociones que embargaron mi entendimiento… y falló la máquina perfecta.
Recuerdo lo oscuro de esos días. Me resistía a pensar.
¿Quién planificó esta interrupción en mi existencia?
¿Qué cruel sorteo había decidido mi destino?
Viajes y más viajes tras el frío cristal. Rauda la ambulancia, mes tras mes, volvía y me devolvía con las ilusiones perdidas, con mis sueños expirados.
¿Qué clase de muda rutina me espera?
¿Por qué se me ha privado del más preciado don: la libertad?
¿Por qué este juicio sin derecho a defensa?
¿Quién puede declarar inocente a este reo condenado?
No recuerdo el día en que dejé de estar continuamente enojado con mi sino, para afrontar con entereza el sendero que, inevitablemente habría de caminar.
Torpe voy dando los pasos hacia un futuro carente de sentido. Sólo puedo aspirar a una vida dignamente aceptable.
Libro la encarnizada batalla de mis días contra la amarga dependencia.
Con mis músculos atrofiados, consigo a duras penas, precisar de la menor ayuda posible.
El sorteo recayó en mí, no en mis allegados.
Cuando llegue el momento y mi alma no pueda caminar sola, reclamaré un hombro para poder seguir luchando por vivir un día más.
Mientras tanto, intento hacer, qué paradoja, que los demás no sufran con mi pesar.
Mi voz se encuentra tocada y no la utilizaré nada más que para palabras bellas.
Que, cuando yo falte, alguien desee que nunca me hubiese ido.
Si siguen esperando mi lento caminar entrando por su umbral, si continúan queriendo regalarme un abrazo y sentir mi anciana presencia, mi lucha habrá tenido recompensa, mi cosecha habrá recogido sus frutos.
Adormecido, desorientado, dejando atrás un paisaje hostil, descolorido. Mis párpados apenas se sostienen. Una mano me sujeta y me dejo llevar.
Abandonándome al onírico y placentero descanso. ¡ Cuán cansado estaba ! ¡ Qué aire tan limpio !
Avanzo con rápidas zancadas, nada en el sendero, huele a tierra mojada, mi aroma favorito, de nuevo me dejo llevar…
Los días de angustia atrás quedaron, el lastre del dolor desapareció.
Ahora vuelvo a ser jóven, ágil, sano. Ya ni siquiera lograba ponerme en pie.
Ni una sóla lágrima, soy feliz, he regresado al origen. Puedo volar.
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